La Dra. Sofía Ruiz del Cueto, experta en medicina estética avanzada de +Cueto by CWS Health, explica las claves de esta tendencia que aborda la gestión científica del envejecimiento de la piel desde todos los frentes que lo producen, con tratamientos como mesoterapia, microneedling y fotobiomodulación.
Ni wellaging ni proaging. El término que está revolucionando la medicina regenerativa se llama Skinspan, y su premisa es tan clara como ambiciosa: gestionar la salud de la piel a largo plazo de la misma forma que la medicina de la longevidad —el Healthspan— trabaja para vivir más y mejor. Acuñado por las dermatólogas Kream, Fabi y Boen de San Diego en un artículo científico de 2025, el concepto ha calado rápidamente entre la comunidad médica que entiende la belleza de la piel como una expresión estética de su biología interna. “Se obtienen mejores resultados con un plan continuado y holístico, que con tratamientos sueltos y localizados”, afirma la Dra. Sofía Ruiz del Cueto, docente y experta en medicina estética avanzada.
Las tres fases del envejecimiento cutáneo que el Skinspan aborda
Para entender el Skinspan hay que conocer primero los tres procesos por los que transita la piel hasta presentar arrugas, manchas, flacidez o adelgazamiento tisular. El primero es el daño acumulado: sol, contaminación y errores celulares van deteriorando el ADN y las proteínas, mientras el azúcar acumulado en sangre provoca una glicación que endurece la matriz dérmica y el colágeno. El segundo son las defensas agotadas: con los años, las mitocondrias —las centrales energéticas de las células— se vuelven menos eficaces y la piel se repara peor. El tercero, y quizá el más desconocido, son las células zombi: células envejecidas que ya no funcionan pero tampoco mueren, y que liberan sustancias inflamatorias que aceleran el envejecimiento de las células vecinas, generando una inflamación crónica de bajo grado conocida como inflammaging.

En consulta: los tratamientos del Skinspan según el Modelo +Cueto
Todo este proceso genera un círculo vicioso que altera la función celular e impide que la piel active sus genes de reparación. El Skinspan en el Modelo +Cueto “trata de activar genes de reparación e impulsar funciones que se han ralentizado con los años, mediante un conjunto de terapias con evidencia científica para activar genes como el ATF3 y el AMP-K, así como las sirtuinas”. Los tratamientos que conforman este protocolo regenerativo son la mesoterapia —entrega de activos como polinucleótidos, antioxidantes y ácido hialurónico directamente en la dermis mediante microagujas, formulada a demanda de cada piel—; el microneedling, que además de mejorar la textura a corto plazo “desencadena una interesante cascada de reparación dérmica y activa la función celular”; la fotoactivación celular con luz infrarroja de baja intensidad, capaz de aumentar la energía ATP de las células hasta un 70%; la fotobiomodulación (PBM) con luz LED roja, que estimula la función mitocondrial a través de la enzima citocromo C oxidasa; la fototerapia con láser o Luz Pulsada Intensa (IPL), que activa la regeneración cutánea desde dentro y mejora la textura; y los peelings médicos con ácidos como el retinoico, glicólico o salicílico, que estimulan a la dermis a producir colágeno funcional y reorganizar la matriz.
El estilo de vida como factor clave: epigenética, cosmética y terapias emergentes
El Skinspan no se queda en la consulta. Su enfoque integrativo tiene muy en cuenta la epigenética y los factores exógenos que influyen en el estado de la piel: sol, nicotina, contaminación, dieta, sueño e incluso el ejercicio, que ha demostrado mejorar la elasticidad y el grosor cutáneo tras 16 semanas de práctica aeróbica o de fuerza. En cosmética, otorga la máxima evidencia científica a retinoides, vitamina C, niacinamida, melatonina y el estradiol tópico para mujeres en menopausia, que ha demostrado aumentar el colágeno tras 24 semanas. Y pone el foco en terapias emergentes de gran potencial como las células madre, los exosomas, los activadores de sirtuinas y los fármacos que eliminan células zombi, que aunque cuentan con más datos de laboratorio que de personas “aportan resultados muy prometedores”, concluye la Dra. Ruiz del Cueto.

