La Dra. Iratxe Díaz, experta en medicina estética y divulgadora del laboratorio Croma, explica por qué los polinucleótidos se han convertido en el complemento perfecto del fotoprotector y el procedimiento regenerativo más revolucionario de los últimos años.
¿Puede un tratamiento de medicina estética ayudarte a protegerte del sol? La respuesta es sí, aunque con matices importantes. Los polinucleótidos, el procedimiento más revolucionario de la medicina regenerativa actual, no solo rejuvenecen y mejoran la calidad de la piel: también refuerzan su capacidad de defensa frente al daño solar. Una novedad en términos de fotoprotección que merece ser explicada con rigor.
Qué son los polinucleótidos y por qué son el máximo exponente de la medicina regenerativa
Los polinucleótidos son fragmentos de ADN altamente purificados, extraídos de la trucha asalmonada, capaces de bioestimular la dermis de forma fisiológica y natural. “Estimulan la dermis de una manera fisiológica y natural, y eso hace que logremos una piel más sana”, explica la Dra. Iratxe Díaz, experta en medicina estética con clínica en Bilbao y divulgadora del laboratorio Croma. Su alta evidencia científica es, para la especialista, uno de sus principales avales: promueven la síntesis de colágeno tipo I y III, mejoran la matriz extracelular, tienen acción antioxidante atrapando los radicales libres, ejercen un efecto antiinflamatorio como moduladores de citoquinas e hidratan mejorando la elasticidad. La zona periocular —donde la piel es más fina— y el área periumbilical, especialmente tras un parto, son las regiones donde los resultados son más notorios. Su indicación estrella, no obstante, sigue siendo la regeneración tisular y la cicatrización, con excelentes resultados tras procedimientos como el láser.
El complemento perfecto del fotoprotector frente al fotodaño
Los polinucleótidos no pueden sustituir al fotoprotector —ningún procedimiento puede hacerlo—, pero sí actúan como un complemento de alto valor frente al daño solar. Lo hacen en tres frentes: como agentes regenerantes que mejoran el funcionamiento de la piel frente al fotodaño, como moduladores de la inflamación que frenan la respuesta inflamatoria cutánea derivada de la exposición solar —y con ella el envejecimiento prematuro y el riesgo de cáncer de piel— y como neutralizadores de radicales libres que contrarrestan el daño oxidativo provocado por la radiación ultravioleta. “Este tratamiento logra, en definitiva, que aumente la capacidad de la piel para protegerse de la radiación solar”, concluye la Dra. Díaz, quien recomienda acompañar el fotoprotector tópico de uno de tipo oral siempre que sea posible.
Cuándo hacerlo, cuántas sesiones y cuánto cuesta
El protocolo habitual es de dos a tres sesiones espaciadas cada tres semanas, y la Dra. Iratxe Díaz prefiere combinarlo con láser fraccionado no ablativo para potenciar sus resultados. Aunque el tratamiento puede realizarse en verano —y de hecho tiene más sentido precisamente por su acción frente al fotodaño—, la especialista aconseja haber comenzado previamente para dar tiempo a la piel a activar la proliferación del fibroblasto y lograr una reparación cutánea real antes de la temporada de mayor exposición solar. El precio varía según la clínica y oscila entre 660 y 1.200 euros por tres sesiones

